miércoles, 16 de enero de 2019

Raya al Pimentón

 
Mi amigo Jaime, me ha mandado hoy  por WhatsApp,  esta foto de su almuerzo, un apetitoso plato de Cazón y Raya con Almejas y Mejillones en salsa.
No tengo a mano, en estos momentos, ninguna receta de Cazón, pero os voy a poner esta de Raya al Pimentón, que tampoco es moco de pavo.
 

Raya al Pimentón con Patatas al Vapor

La raya es un pez cartilaginoso es decir que no tiene esqueleto óseo, tiene un cuerpo aplanado y se alimentan de moluscos y crustáceos, normalmente vive cerca de las costas.
Es un plato típico de la zona de Ayamonte en Huelva, de Isla Cristina, zona de pueblos de pescadores que saben muy bien como preparar todo tipo de pescado.
En las aletas de la raya es donde se encuentra la carne comestible y aunque no es demasiada apreciada su carne es muy sabrosa.
Se puede cocinar de muchas formas como por ejemplo rebozada, a la plancha, frita o guisada y servir acompañada de diversas salsas y guarniciones de verduras, pimientos, tomates, guarnición de avellanas, pimentón, alcaparras, patatas, ajo y perejil, etc.
Existen muchos platos, el más conocido es el francés, raya con mantequilla negra. En España encontramos platos tradicionales como el suquet de raya en Tarragona, raya al pimentón de Huelva, la raya en caldeirada de Pontevedra y la raya con tomate de Valencia.

 
 
INGREDIENTES
  • 800 gr. de aletas de Raya
  • 50 gr. de Aceite (3 cucharadas soperas)
  • 150 gr. de Cebolla
  • 3 Ajos
  • 1 cucharada de Pimentón de la Vera 
  • 1 cucharadita de Cominos
  • 75 ml. de Vinagre de Vino (4-5 cucharadas soperas)
  • 150 ml de Vino Blanco
  • 2 rebanadas de Pan frito con un poco de aceite
  • Sal y Pimienta blanca
ELABORACIÓN
Lavar las patatas y cocerlas en el microondas en una bolsa de asar o en una olla de pyrex según la cantidad que prepares tardarán mas o menos, no es preciso ponerles agua si las tapas bien.
También puedes comprar una o dos bolsas de patatas de guarnición para microondas y solo tienes que meter la bolsa al microondas.
Freír en una sartén pequeña con un poco de aceite las dos rebanadas de pan (yo no pongo mucho aceite y le doy la vuelta rápidamente para que se impregne por los dos lados y se haga tostadito) sacar y reservar.
En una sartén o en una cazuela amplia vamos a poner 3 o 4 cucharadas de aceite a calentar, añadiremos los ajos cortados le damos una vueltas cuando empiecen a dorarse añadimos la cebolla cortada menuda, dejamos freír a fuego suave hasta que la veas transparente. cuando tengas la cebolla pochada añadimos los cominos y el pimentón le damos una vuelta y rápidamente le ponemos el vinagre y el vino.
Llegados a este punto si quieres triturar la salsa este es el momento, ponerlo todo en un bol, añadir las rebanadas de pan frito y triturar hasta que tengas una salsa fina.
Volcar esta salsa nuevamente en la sartén o cazuela que hemos utilizado y añadirle los trozos de Raya salpimentados y con la parte que tiene mas carne hacia abajo, cocer 10 o 12 minutos a fuego suave moviendo la sartén o la cazuela en vaivén.
Dejar reposar unos minutos antes de servir.
Mientras hacemos el guiso  si quieres puedes hacer este majado para las patatas, no es preciso hacerlo ya que puedes servir las patatas después de hechas al vapor poniéndole un poco de la salsa del pescado.
En un mortero pondremos un diente o dos de ajo, unos cominos y picaremos.
En una sartén pequeña pondremos dos cucharadas de aceite a calentar, cuando esté caliente apartamos del fuego añadimos el pimentón e inmediatamente un poco de vinagre y añadir este refrito al mortero.
En una fuente de horno pondremos las patatas que tenemos reservadas que hemos cocido al vapor, le damos un golpe con la palma de la mano para abrirlas un poco y le ponemos  por encima el majado que tenemos en el mortero. Meter ahora al horno a 180º unos 10 minutos y servir.
 
 

viernes, 11 de enero de 2019

Pimientos de Padrón


Los pimientos de Padrón son una verdura característica de la gastronomía gallega con un intenso sabor, especialmente cuando pican.
“Pimiento de Padrón” no es el nombre de una IGP (Indicación Geográfica Protegida), sino el nombre de una variedad de pimientos verdes populares por ser de un tamaño pequeño, muy sabrosos y por tener la posibilidad de encontrarnos con alguno que pique.
En el siglo XVII, los monjes franciscanos del Convento de San Antonio de Herbón (La Coruña) comenzaron a cultivar unas semillas de pimientos que habían traído desde el estado mexicano de Tabasco. En ese momento, no supieron defender el nombre de los “Pimientos de Padrón”, por lo que no fue hasta 2009 cuando estos pimientos consiguieron la Denominación de Origen Protegida (DOP) “Pimientos de Herbón”, motivo por el que no todos los pimientos de Padrón que se venden son DOP Pimientos de Herbón.


Aunque es habitual encontrar pimientos de Padrón en el mercado durante todo el año, los auténticos pimientos gallegos DOP Pimientos de Herbón sólo se comercializan entre el 1 de mayo y el 31 de octubre. Por tanto, la temporada de pimientos de Padrón tiene su mejor momento durante los meses de verano y principios de otoño.
Seguro que has oído alguna vez de eso de “los pimientos de Padrón, unos pican y otros no” (“os pementos de Padrón, uns pican e outros non”), pues bien, el responsable de darles el picor es un compuesto químico llamado capsaicina que los propios pimientos crean como método de defensa contra los insectos y/o animales herbívoros.
No todos los pimientos contienen este compuesto y el hecho de que lo creen está directamente relacionado con el riego y las condiciones climatológicas, lo que hace que comer pimientos de Padrón siempre sea impredecible y, por tanto, emocionante.
Lo cierto es que cuando comemos pimientos de Padrón esperamos que salga alguno picante o incluso muy picante, aunque este último esperamos que no nos toque a nosotros… Recuerda que esto del picante va aumentando a medida que avanza la temporada: en junio pican pocos, pero en agosto… un montón.
¿Cómo saber cuáles son los que pican? Para distinguirlos no hay truco, ahí está la gracia: no saber nunca cuando te va a tocar. Dicen que pican más los puntiagudos y los de color mate antes de cocinarlo, pero claro, esto sólo lo puede ver el cocinero.
Un buen consejo es morder la punta primero, antes de llevarse a la boca el pimiento entero y que sea demasiado tarde. Y si toca el que pica, no hay que pasarlo nunca con agua ya que así sólo se esparce el picante por la lengua, mejor con un poco de pan que ayuda a absorber el picante.
Aunque si eres de los que disfruta con el picante, podrás hacerlo como los gallegos más atrevidos que los comen de dos en dos.

 
Para disfrutar de la temporada de pimientos de Padrón, lo habitual es comerlos fritos enteros (con o sin pedúnculo, eso al gusto). A la hora de cocinarlos, lo primero que tienes que hacer es lavarlos y secarlos muy bien para que no te salte el aceite.
Para preparar unos pimientos de Padrón fritos necesitas seguir los siguientes pasos:
  1. Calienta aceite de oliva en una sartén a fuego fuerte. Añade sal al aceite y espera hasta que coja temperatura.
  2. Cuando veas que el aceite ya está lo suficientemente caliente, incorpora los pimientos de padrón.
  3. Baja el fuego a una intensidad media y déjalos unos minutos, mientras los vas volteando con ayuda de una cuchara de madera.
  4. Verás que la piel se va separando del pimiento, con pequeñas burbujas, y que, por algunas zonas, se van tostando y adquiriendo un tono más oscuro.
  5. Es el momento de sacarlos y dejarlos sobre papel absorbente. Listos para degustar tus pimientos de padrón fritos.
  6. Cuando estén hechos, escúrrelos bien y échales sal gruesa por encima.
Se fríen en abundante aceite de oliva echándolos en la sartén con el aceite no muy caliente para evitar que se desprenda la piel. Lo ideal es freírlos lentamente removiéndolos en el aceite para potenciar su sabor.
Sirven para acompañar todo tipo de pescados, carnes a la plancha o tortillas de patata.
Aquí os dejamos unas ideas que os pueden servir.


Puntillas con Pimientos de Padrón

Cuatro Personas - Tiempo: 20-40 min - Dificultad: Fácil
                                          
  • Ingredientes
  • 500 gramos de Puntillas (Chipirones)                 
  • 1 bandeja de Pimientos de Padrón                 
  • Harina
  • Aceite de Oliva
  • Sal
  • Paso 1

    Enjuagaremos bien las puntillas, dejaremos escurrir y secaremos con papel de cocina, salaremos bien.
  • Paso 2

    Enharinar las puntillas a montoncitos, en el colador espolvorear para sacar un poco de harina, e ir friendo poco a poco que queden bien doraditas.
  • Paso 3

    Aparte y a fuego lento freímos los pimientos.
  • Paso 4

    Servimos las dos cosas juntas en el plato adornando con limón.

 

Tortilla de Bacalao con Pimientos de Padrón

La Tortilla de Bacalao es un estupendo plato que puedes disfrutar en Sidrerías y Asadores, el  acompañamiento de los Pimientos de Padrón es un complemento espectacular.
 
Ingredientes para 2 personas
  • 4 Huevos grandes               
  • 300 gramos de Bacalao desalado              
  • 1 Cebolla grande
  • 1 diente de Ajo
  • 3 cucharadas de Aceite de Oliva
  • 1 pizca de Sal
  • un poco de Perejil picado
  • 1/2 kg de Pimientos de Padrón (para acompañar)
 

Preparación

  • Ponemos una olla con un poco de agua a calentar, cuando rompe a hervir introducimos los lomos de bacalao y cocemos 1 minuto, apagamos el fuego y dejamos otro minuto dentro del agua, pasado este tiempo los retiraremos y dejaremos escurrir.
  • Trocemos el diente de ajo muy menudo y la cebolla la troceamos en juliana, ponemos una sartén al fuego con tres cucharadas de aceite y cuando este caliente añadimos el ajo y la cebolla ponemos una pizca de sal y pocharemos a fuego medio durante 7 a 8 minutos, desmigamos el bacalao y reservamos.
  • En un bol amplio ponemos los huevos una pizca de sal y batimos ligeramente, añadimos la cebolla que ya tenemos pochada, añadimos un puñadito de perejil troceado y las migas de bacalao, mezclamos ligeramente, ponemos la sartén al fuego con una gotita de aceite, cuando este bien caliente vertemos la mezcla y removemos un poco y vamos enrollando para que quede ocupando la mitad de la sartén mas o menos le damos la vuelta con cuidado y cuando consideremos que ya esta a nuestro gusto la ponemos en el plato de servir.
  • Preparamos los pimientos poniendo una sartén con abundante aceite a calentar y cuando este caliente añadimos los pimientos previamente enjuagados y los freímos hasta que estén a nuestro gusto, los retiramos a un plato y enseguida le añadimos la sal, emplatamos junto a nuestra tortilla y a comer.
 

jueves, 10 de enero de 2019

Cazuelitas

 

A quien no le gusta entrar en esos bares a almorzar donde te sirven en cazuelitas de barro o de
metal, humeantes y sabrosas tapas como son unos callos, magro, chipirones etc. 
Una vez en casa muchas veces cocinamos y servimos en cazuelitas desde aperitivos hasta platos principales, así que hemos pensado que os gustará conocer algunas recetas.  
 

Champiñones con Salsa de Cerveza

Podéis utilizar la cerveza que más os guste, nosotros elegimos alguna de las cervezas rubias que no sea muy amarga. Aromatizamos con tomillo, y a veces también le añadimos romero, sobre el uso de guindilla en estos champiñones en salsa también queda en vuestras manos, si queréis que sean picantes o no. Tened en cuenta lo importante que es conocer el poder picante de las guindillas con las que cocinamos para no excedernos en su uso. Por cierto, añadir unos piñones tostados a estos champiñones les aporta más sabor y un contraste de textura ideal.

 

Ingredientes (4-6 comensales)

  • 600 gramos de champiñones
  • 2 chalotas
  • 3 dientes de ajo
  • 300 ml. de cerveza
  • unas ramitas de tomillo fresco
  • 60 ml. de agua
  • 1 c/p de Maizena
  • pimienta negra
  • 1 guindilla (opcional)
  • sal
  • aceite de oliva virgen extra.

Elaboración

Corta el pie de los champiñones y lávalos bien, quitando toda la tierra que puedan tener. Una vez bien secos, córtalos en cuartos. Pela las chalotas y los dientes de ajo y pícalos. Pon una sartén amplia a calentar con aceite de oliva virgen extra, cuando esté a temperatura media incorpora la chalota y los ajos, deja que tomen un poco de color y a continuación añade los champiñones.
Sube el fuego, salpimenta al gusto, si es necesario añade más aceite de oliva virgen extra. Rehoga un par de minutos, moviendo de vez en cuando e incorpora el tomillo y la cerveza (y la guindilla si se desean picantes). Cuando rompa a hervir, baja a fuego medio y cocina unos 20 minutos o hasta que los champiñones estén tiernos.
Añade entonces la Maizena disuelta en el agua y cuece unos minutos más, hasta que la salsa espese. Prueba por si es necesario rectificar de sal o pimienta.

Cazuelita de Almejas con Espárragos

 

Ingredientes (4-6 comensales)

  • 500 gramos de almejas
  • 1 y ½ manojos de espárragos verdes
  • 6-8 ajos tiernos
  • 1 rodaja de jengibre fresco
  • 1 c/p de semillas de sésamo
  • 50 gramos de vino manzanilla
  • 25 gramos de salsa de soja
  • c/n de sal
  • c/n de aceite de oliva virgen extra
  • perejil fresco

Elaboración

Pon las almejas en agua con sal al menos media hora antes de cocinarlas para limpiarlas bien. Lava los espárragos, desecha la parte dura y córtalos en trozos medianos. Pela los dientes de ajo y córtalos en rodajas gruesas y pela también el jengibre fresco, a continuación rállalo.
Pon una sartén grande a calentar con un poco de aceite de oliva virgen extra. Cuando esté caliente, incorpora los ajos tiernos, los espárragos, el jengibre y las semillas de sésamo para que se tuesten.
Saltea unos minutos, juega con la temperatura del fuego según cómo te gusten los espárragos y su grosor, si los quieres al dente, cocínalos a fuego fuerte y brevemente, pues después se harán más con el vino y la salsa de soja.
Incorpora las almejas a la sartén y riega con el vino, la salsa de soja y añade una pizca de sal, no olvides que la salsa de soja es salada. Tapa la sartén para que las almejas se abran y después destapa un par de minutos para favorecer la evaporación.
Sirve las almejas con espárragos en las cazuelitas y condimenta con un poco de perejil fresco picado.

Cazuelita de Sepia con Setas

  

Ingredientes (4 comensales)

  • 700 gramos (aprox.) de sepia limpia
  • 350 gramos de setas shiitake (o setas variadas al gusto)
  • 8-10 ajos tiernos
  • la parte verde de una cebolla tierna
  • 1 c/c de tomillo fresco
  • ½ c/c de pimienta negra recién molida
  • 2 c/s de salsa de ostras
  • c/n de sal
  • c/n de aceite de oliva virgen extra.

Elaboración

Lava bien la sepia, sécala y córtala en trozos de bocado (pequeño). Limpia bien las setas y trocéalas en cuartos o más pequeñas, según el tamaño y gustos. Pela los ajos tiernos y córtalos al bies, no muy finos.
Retira las hojas externas de la parte verde de la cebolleta y pica el interior bien fino. Deshoja el tomillo fresco para añadirlo al guiso.
Pon una cazuela a calentar con un fondo de aceite de oliva virgen extra, saltea en primer lugar los ajos tiernos, deja que se doren a fuego medio-alto, entonces retíralos si los quieres servir ligeramente crujientes, si prefieres que estén bien cocidos déjalos en la cazuela.
En el aceite en el que se han hecho los ajos tiernos incorpora las setas y la sepia, cocina a fuego medio moviendo de vez en cuando, condimenta con el verde de la cebolleta, el tomillo, la pimienta negra y sal al gusto.
Mezcla bien y deja que tanto sepia como setas expulsen su agua, y después que se reduzca. En ese momento incorpora la salsa de ostras y rehoga un par de minutos más, moviendo de vez en cuando. Prueba por si es necesario rectificar de sal. Reincorpora los ajos tiernos a la cazuela, mezcla y retira del fuego.
 

Cazuelita de Champiñones con Yema de Huevo Escalfada

 
 La Cazuelita de champiñones con yema de huevo escalfada también agradecerá la incorporación de otros ingredientes, este entrante estará delicioso si añades unos taquitos de jamón, unos frutos secos, unas gambas.

Ingredientes (4 comensales)

  • 4 yemas de huevo
  • 700 gramos de champiñones de tamaño medio
  • 6 ajos tiernos
  • 250 gramos de agua
  • 300 gramos de caldo de carne, de ave o de verduras
  • pimienta negra recién molida
  • una ramita de tomillo fresco
  • aceite de oliva virgen extra
  • sal Maldon
  • sal normal.

Elaboración

Limpia los champiñones retirando la base del pie que ha estado en contacto con la tierra, una vez limpios, si son de tamaño medio córtalos por la mitad, si son muy grandes córtalos en cuatro cuartos. Para una cocción homogénea, si tienes champiñones de distinto tamaño procura cortarlos de forma que todos tengan un volumen similar.
Pela los ajos tiernos y córtalos con una longitud unos dos centímetros al bies. Pon una sartén con un poco de aceite de oliva virgen extra a calentar, y saltea los ajos para que se doren ligeramente y desprendan su sabor en el aceite. Después retíralos.
En la misma sartén, saltea ahora los champiñones, salpimenta al gusto y deja unos tres o cuatro minutos, moviendo de vez en cuando. Mientras tanto mezcla el caldo con agua tibia, viértelo sobre los champiñones, incorpora la ramita de tomillo y lleva a ebullición.
Cuando rompa a hervir, reduce la temperatura del fuego (medio-bajo) para proseguir la cocción hasta que el caldo se haya consumido y los champiñones estén tiernos. Un par de minutos antes de retirar del fuego, reincorpora los ajos tiernos. Prueba y rectifica de sal o pimienta si fuera necesario.
Separa yemas y claras, reserva las claras para otra receta y pon las yemas en pequeños recipientes por separado. Pon un cazo con agua y una pizca de sal a calentar, cuando alcance la temperatura de 65º C, vierte la primera yema con cuidado, acercando el recipiente al agua y volcando. La temperatura del agua no debe superar los 70º C, enseguida se forma una película en la yema, unos segundos, retírala entonces con ayuda de una cuchara perforada o similar, pósala sobre papel de cocina absorbente para desprender la yema del agua. Haz el resto de yemas y procede al emplatado, aunque conviene tener las cazuelitas con los champiñones para posar directamente la yema sobre ellos y servir.
Reparte los champiñones y ajetes en las cazuelitas de servicio y a medida que vayan saliendo las yemas escalfadas, bien escurridas, colócalas en el centro sobre las setas. Adereza con un poco de sal Maldon y decora con una ramita de tomillo.

martes, 8 de enero de 2019

Almuerzo en el Bar Pio XII



La bajada de temperatura y el nuevo año, junto con la afortunada coincidencia del día libre en la empresa, invitan a la celebración de un almuerzo  de "torrá" con los "colegas" en uno de esos  lugares clásicos y buenos que hay en Almazora, como es el Bar Pío XII, local de renombre y que muchos conocen también como "el de María" o "Casa María".



La brasa encendida y el "material" pese a lo temprano de la hora, poco antes de las nueve
de la mañana,  preparado a la espera de los más madrugadores.
Aunque desde las seis de la mañana, ya habrán pasado trabajadores de las empresas de la zona.

El alioli y el tomate para untar el pan
 
El morro a la brasa
La "apetitosa" torrá
 
Para terminar, amenizando la charla, los habituales carajillos de Ron quemado.

lunes, 7 de enero de 2019

Crucero Mortal: II Parte


 

Estoy sudando mucho, demasiado. Tengo la piel ardiendo, enrojecida, debido al sol y al calor. Temo coger una insolación.
He comenzado a racionar el agua y la comida.
Tengo la mirada fija en el horizonte, pero desde mi posición bajo el toldo, lo único que puedo ver es el agua de color gris plomizo, el cielo gris que parece amenazar lluvia. Lentamente me incorporo sobre las manos y los pies, y me acerco gateando hasta el borde.
El barco está ahora más lejos. Ayer lo perdí de vista y durante algún tiempo me entró pánico.
Hasta entonces no me había dado cuenta hasta que punto necesitaba verlo, aunque me mantuviera alejado de él. Qué vacío parece todo sin el crucero.
Entonces veo el humo que se alzaba de la nada hacia al cielo, y remo en aquella dirección hasta que veo las llamas que surgen de las cubiertas del barco.
El incendio se ha apoderado del barco, nadie ha podido sofocarlo. Veo como el crucero escora hacia un lado durante el día, lentamente, hasta que inevitablemente vuelca. 
De haberse iniciado labores de rescate, este ya tendría que haberse producido. No he visto aviones, ni guardacostas, ni helicópteros, desde que abandonamos Salónica.
La baliza del bote brilla intermitente, enviando al mundo señales de socorro que nadie ve.
Mar, solo un mar inmenso y solitario, me acompaña.

* * *
 

Se han producido disparos en el crucero. Un grupo de pasajeros se ha amotinado e intentado apoderarse del buque, el contramaestre acompañado de un grupo de marineros y empleados de confianza ha podido controlar la situación.

Por un camarero se que han muerto varios de los pasajeros en la refriega. Los cuerpos han sido trasladados a una de las bodegas junto a los de otros pasajeros y personal del crucero muertos a consecuencia de la gripe.

El caos más absoluto se ha apoderado del buque y la desconfianza hace que muchos de los pasajeros prefieran permanecer confinados en sus camarotes, asimismo muchos de los empleados no acuden a sus lugares de trabajo, ignorándose si es a causa de encontrarse enfermos.

Las noticias provenientes del exterior, bien por medio de la radio del crucero o las recibidas por la televisión, no pueden ser más desalentadoras, la expansión de la enfermedad continua imparable y se contabilizan cientos de miles de casos en todo el mundo y en algunos continentes se ha perdido la comunicación con regiones enteras de varias naciones.

Por si todo esto fuera poco, aunque no hago caso a estos rumores, se habla de resurrecciones de infectados muertos que atacan y devoran a otras personas.

 

* * * 

 
Escucho un ruido tremendo, como un gemido. Se oye una inmensa y fuerte explosión.
Poco después y pese a la lejanía, llega una ola, que me mueve de un lado a otro en el bote.
Me aferro a la lona para no caer por la borda, y acabo arrancando parte de las fijaciones que la sujetan a los costados.
 El lujoso crucero se hunde, afortunadamente el bote estaba lo suficientemente lejos para no ser arrastrado al fondo del mar con él. Poco después la nada; el vacío más puro y absoluto.
El crucero ha desaparecido, devorado por el océano. El silencio se instaura en el mar tras el hundimiento del barco.
Me incorporo un poco y noto que el bote se balancea suavemente con mis movimientos, tampoco hay rastro de los otros botes, por lo que tengo la sensación de que debo ser la única persona viva en el mundo.


* * * 

 

Todos mis temores se han confirmado, los fallecido del buque han vuelto a la vida, han atacado al doctor y a varios pasajeros y miembros de la tripulación.

El crucero se ha convertido en un "sálvese quien pueda", pese a los esfuerzos del capitán en mantener el orden. Sus órdenes lo mismo que las de los oficiales sanos, ya no son obedecidas.

El miedo reina en el barco y la mayoría del pasaje y de la tripulación permanece escondido.

Me empiezo a plantear la opción de abandonar el buque en un bote salvavidas.

  

* * *

 
Está nublado y finalmente comienza a llover, así que intento llenar las cantimploras con el agua de la lluvia. 
Mi boca empieza a salivar al imaginarme el agua fresca deslizándose por mi reseca garganta.
Poco después cae la noche y en el diminuto bote reina la oscuridad mas inescrutable, negra como el azabache, a excepción de las breves intermitencias de la baliza de emergencia.
Intento dormir un poco. No se el tiempo que ha transcurrido cuando me despierto sumido en la más completa oscuridad, juraría que me han despertado los gritos de agonía de mis compañeros.
Son solo mis pesadillas.
El bote oscila. Sacudo la cabeza y siento como si mis oídos estuvieran llenos de agua, ya que todos los sonidos parecen distantes y amortiguados. Pero no se escucha nada solo el continuo golpear de las olas al bote.
Con cuidado, cruzo el bote gateando. Mis músculos se esfuerzan por evitar que caiga por la borda. El fondo del bote se hunde allí donde apoyo las manos y las rodillas, como si también este se estuviera dando por vencido.
Cuando me despierto, estoy seguro de oír una voz en mi cabeza.
Y al escrutar el horizonte, cuando intento reconocer alguna silueta en la distancia incierta, podría jurar que alguien me está diciendo algo.
Ya no hay nada en mi interior que me conmine a seguir viviendo.
Todo parece estremecerse y desmoronarse, los músculos fallan, los huesos se desplazan dolorosamente bajo mi piel.
— ¡Tengo que vivir!, me repito a mí mismo una y otra vez, aunque casi deseo lanzarme por la borda para hacer que se callen las voces que me torturan.

* * *
 

Finalmente, lo he hecho. No he podido esperar más. Me he enterado que se ha declarado un incendio en las cocinas del barco.

Eso, unido al escuchar por los pasillos los gritos y oír los golpes de los muertos a las puertas de los camarotes, me han empujado a ello.

Lo he comentado con algunos de mis compañeros pero no han querido acompañarme, prefieren esperar a la llegada de ayuda.

Mejor, no se si alguno de ellos ya puede estar infectado.

He subido hasta una de las cubiertas y he soltado un bote salvavidas por la borda.

A continuación me he lanzado al mar y me he subido a él.

 * * *

 
Sigue lloviendo y he logrado llenar las cantimploras. Me he puesto la camiseta y un chubasquero que había en una de las bolsas de supervivencia, esta además incluye un equipo de pesca.
Continuo racionando la comida, así que utilizo un trozo de galleta como cebo para los peces. La coloco en el anzuelo y la arrojo al agua. Me siento débil y la fría lluvia que cae hace que empiece a temblar.
Pasan las horas, la tormenta ha perdido intensidad. Finalmente consigo que un pez muerda el anzuelo, lo subo y ahora le observo fascinado mientras se agita en el fondo del bote.
No me atrevo a comérmelo crudo, así que dejo que se seque.
En un descuido clavo el anzuelo en mi propia carne.
El dolor hace que mis dedos dejen caer el anzuelo, que se sumerge en las profundidades.
Me quedo mirando fascinado la herida en carne viva de mi dedo, roja, brillante, mojada.
Vuelve a caer la noche. En la oscuridad que rompen a lo lejos los
relámpagos, aparece la tormenta que azota y zarandea el bote.
Intento sujetarme pero el movimiento me lanza hacia el suelo una y otra vez.
Todo está empapado. El agua se cuela por los desgarros que hay en el toldo.
El suelo está resbaladizo y no puedo mantener el equilibrio.
Tengo miedo. No quiero morir. Estoy exhausto, la sal penetra en mis heridas, la piel está tirante y arrugada por las quemaduras producidas por el sol y mi estómago vacío.
Las olas golpean fuertemente e inundan el diminuto bote en medio de las tinieblas, amenazando con arrastrarlo hasta las profundidades.
Finalmente la tormenta cesa y me permite dormir algunas horas.
Me despierto, he perdido la noción del tiempo y ya no se cuantos días llevo aquí solo en medio del mar.
Paso la punta de la lengua por el paladar de mi boca seca, intento 
recordar algún sabor que no sea a sal mientras observo el despejado cielo azul.
En lo alto un pájaro revolotea alrededor del bote, como un ave de rapiña esperando mi muerte.
Mi frente está ardiendo, debo tener fiebre, espero que no sea la mortal gripe.
Cuando salgo de mi sopor y escucho de nuevo al pájaro doy un respingo.
El pájaro metálico es cada vez más grande conforme se acerca más y más.
Ahora ya puedo escuchar con nitidez las aspas y el motor del helicóptero.
Me han visto. Muevo el brazo saludándoles y comienzo a llorar, casi incapaz de moverme mientras desde el aparato me lanzan un cabestrante para subirme a el .
– Lo he conseguido, susurro para mí mismo.


 

sábado, 5 de enero de 2019

jueves, 3 de enero de 2019

Almuerzo en el Bar Aturuxo (Centro Gallego)

 
 
Siempre he pensado, que muchas veces las primeras sensaciones son las que valen, así me
ocurrió en la primera vez que visité el bar Aturuxo, en la calle Pérez Dolz número 9 de
Castellón.
 La amabilidad y el agradable trato  tanto por parte de María, como de Bety, la excelencia de sus tapas y raciones (pulpo, raxo, chorizo a la sidra, oreja, etc..) que cenamos aquella noche los amigos que me acompañaban y yo mismo, el estupendo el producto llegado desde Galicia, hicieron que anotara el nombre del local para una próxima visita.

 
Hoy he tenido la oportunidad, con uno de aquellos amigos, de volver al citado local para almorzar, y debo decir que las sensaciones han sido igual de buenas que la vez anterior: trato agradable, buenos precios y calidad en mayúsculas.
La indiscutible calidad tanto del producto como de la elaboración de este en la cocina, hace que anotemos sin ninguna duda en nuestra lista, no muy extensa, este local como uno de los favoritos para disfrutar de un excelente almuerzo, comida y cena.


A lo que íbamos, el almuerzo, hoy hemos podido disfrutar acompañando las dos rondas de cerveza Red Vintage de Estrella Galicia de una cazuelita de Callos con Garbanzos y de un pincho de Tortilla de Patata para cada uno.

 
Muy rica la cazuela de Callos con Garbanzos, a la que acompañan trozos de oreja y chorizo, con un punto picante, pero sin pasarse.
 
 
 Excelente también la Tortilla de Patata que se presenta en su punto, sabrosa y muy jugosa.

 
 
 Para terminar carajillo de Ron y chupitos de Licor de Hierbas y Licor de Orujo de Café.